
El salmorejo es un plato exquisito que deleita con sus sabores mediterráneos, su textura cremosa y por lo refrescante que es para el verano.
Poner el pan en una bandeja y cubrir con agua. Dejar a remojo en el frigorífico toda la noche o unas horas.
Empezamos pelando los tomates, puedes darles un hervor para que la piel se quite más fácilmente. Córtalos en trozos y retira las pepitas y su líquido.
Coloca en el vaso de la batidora los tomates. Pela el ajo y retira el germen verde de su interior. Trituramos unos segundos.
Escurre bien el pan que teníamos a remojo y añádelo a la batidora junto con la sal y el pimentón (este último opcional). Tritura hasta que no queden grumos.
Poco a poco, añade el aceite mientras sigues triturando para que el salmorejo emulsione y adquiera su particular textura sedosa.
Sírvelo frío con un chorrito de aceite de oliva por encima, también puedes añadir huevo duro, picatostes o unos taquitos de jamón.
*Los tomates: para mí los mejores para el salmorejo son los de pera, porque son más carnosos y menos ácidos. Si no tenéis también queda genial con tomates de Corazón de buey o de colgar. Ante todo los tomates deben estar maduros.
*El pan: tradicionalmente se utiliza la telera cordobesa pero si no lo puedes encontrar cámbialo por un pan de trigo blanco, puede utilizarse pan duro o de hace un par de días. Acuérdate de quitarle la corteza.
*El aceite: mejor que sea un aceite de oliva virgen extra suave y de alta calidad.
*Si quieres que el salmorejo sea más ligero puedes añadirle 1/2 taza de agua.